Páro Ques̈há
Roldán Pinedo & Javier Silva Meinel
12.12.2024 – 15.02.2025
MEMORIA (Centro)
Piamonte, 19, Madrid
MEMORIA presenta Páro Ques̈há, un diálogo entre las obras de Roldán Pinedo (Yarinacocha, Perú, 1971) y Javier Silva Meinel (Lima, Perú, 1949) que presenta elementos del corazón de la Amazonía peruana y de la cosmogonía shipibo-conibo. En lengua shipibo, páro ques̈há significa estar en la orilla del río, esa sensación sobrecogedora de observar la fuerza del agua, o la incertidumbre de su profundidad, o la belleza del flujo que discurre entre colores y coreografías.
En la cultura shipibo-conibo, los dibujos plasmados en objetos reciben un espíritu y cobran vida, una vez que se conectan a un lenguaje cósmico. Pinturas, cerámicas, ropas y tejidos, canoas o casas, todos los objetos son sagrados, y sus espíritus cuidan de sus dueños, desde el momento en que se imprime en ellos un dibujo. El kené, patrones complejos en construcciones geométricas y abstractas remiten a la piel de Ronin, la gran serpiente creadora del universo, y son intuidos y entregados por las deidades a las mujeres y sacerdotes shipibos durante las ceremonias religiosas con la ayahuasca.
El acceso al pensamiento artístico se entiende, por tanto, como un contacto con los misterios de lo divino, con la elevación de la conciencia hacia la sabiduría ancestral transmitida por los árboles que custodian el conocimiento de la historia y de la vida.
Roldán Pinedo (Shoyan Shëca, en shipibo) es un artista shipibo actualmente residente en la comunidad de Cantagallo en Lima. A través de la pintura, el artista despliega los elementos múltiples de la cultura shipibo-conibo y sus valores fundamentales. En este sentido, también ahonda sobre una relación de simbiosis equilibrada con la naturaleza a través de la comprensión de que todos los elementos naturales: hombres, animales, plantas, ríos o piedras, pertenecen a ese organismo común y que tienen todos el mismo valor.
Pinedo pone en evidencia, por ejemplo, la importancia de las plantas como mecanismos de conexión con deidades, de cura y de acceso a un pensamiento elevado. Los árboles pintados en colores vibrantes y formas exuberantes remiten a un ensueño de los espíritus ancestrales que encierran. Los árboles, sus hojas y frutos, guardan el conocimiento de la cura de enfermedades, del sustento y de la protección de la tierra. Los animales, espíritus de igual importancia, también aparecen representados en destaque, rindiendo homenaje a sus formas y su presencia fundamental en el equilibrio de un sistema complejo. La comprensión inmaterial de estos valores está íntimamente vinculada a un saber ecológico sobre las cadenas de alimentación, polinización y preservación de recursos en la naturaleza. El universo onírico de Roldán Pinedo opera en la construcción de estas ideas, a la vez que remite a ejercicios plásticos libres, con tonos y contrastes marcados, pinceladas de contención y movimiento, y formas plasmadas desde lo instructivo y a la vez intuitivo.
Roldán Pinedo igualmente realiza su práctica artística a partir de la nostalgia y la resistencia, desde las afueras de Lima. Cantagallo es la mayor comunidad urbana de los shipibo-conibo y surge tras el desplazamiento de personas, frente a las presiones externas a sus comunidades tradicionales de origen. Una vez entrados al mundo urbano, el desarraigo se ha traducido en marginalidad, carencias y opresión. El artista, en este sentido, trata de representar los sueños, recuerdos y mitos como elementos de una epistemología alternativa, de un conocimiento ancestral y, con ello, las posibilidades alternativas de aprendizaje y diálogo intercultural.
Por otro lado, Javier Silva Meinelse ha volcado en investigar y visibilizar las contemporaneidades ocultas que cohabitan el mundo “desde los márgenes”, frente a la hegemonía del cánon occidental. El artista, desde hace cuatro décadas, se dedica a viajar y estrechar lazos con comunidades nativas peruanas, reflejando a través de la fotografía los intersticios entre realidad y fantasía, entre cuerpos presentes y sus creencias ancestrales. Esta tensión entre lo terrenal y lo espiritual se hace latente en las obras realizadas junto a la comunidad shipibo-conibo y se manifiesta en una mirada que dignifica los sujetos como arquetipos de la belleza inefable de una humanidad genuina e inquebrantable. Para ello, Silva Meinel explora los mitos y los saberes de no solamente conexión, sino completa pertenencia a la naturaleza. Con los formatos cuadrados y en blanco y negro, explora la sensibilidad de las miradas y lo profundo de un silencio ensordecedor. Su contraposición a las pinturas de Pinedo, nos remiten a lo físico y material de la realidad y a que lo exótico se disuelve si se permite un punto de partida común.
La serpiente mítica, Ronin, es el cielo y el río, y sobre su piel están dibujados todos los diseños del universo. Este universo que ella misma ha creado, lo sujeta enroscada en cada una de sus esquinas. Las estrellas viajan por su cielo-río en canoas, marcando así el paso de las estaciones, las épocas de abundancia y carestía. En la cultura shipibo-conibo la creación y la destrucción son cíclicas y dan posibilidades una a la otra. Como un río en sus crecientes y vaciantes, las obras de Pinedo y Silva Meinel inundan las miradas de una contemporaneidad mágica y real, erosionando algún órden excluyente de modo a abrir espacio fértil para estéticas, ideas y saberes legítimos.
En Páro Ques̈há, MEMORIA propone un acercamiento honesto y permeable a estos artistas y a otras formas de ver y entender el mundo. Ante tantas fallas en las estructuras dominantes del modelo occidental, la construcción de un futuro común tendrá que revisitar pasados y presentes que ofrezcan visiones más justas y equilibradas sobre cómo habitar el mundo y cómo relacionarnos en él.
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